Desde mis dieciseis años que me meto a los famosos "chat"; no han cambiado mucho desde estos seis años.
Lo recuerdo como si fuera ayer; el internet aún era cosa de pocos -como todo lo es cuando nace- y yo no era de los pocos que lo podían disfrutar, bueno, acá en mi pequeña ciudad -como en todo el país tal vez- surgieron un montón de cibercafé -jajaja ¿café?-; el que se encontraba cercano a la plaza era el más cercano, barato y rápido; recuerdo que entré muy tímido -como si algo emberazoso fuera a hacer-, me atendió una joven bastante alejada de los cánones de belleza americana y me destinó al computador cuatro -eran cuatro computadores-; al presentarme frente al templo del mañana me hice una pregunta ¿Qué hago contigo? No recuerdo como, pero llegué a Terra -sin ánimo de hacer publicidad-.
Entré, inventé un nick y voilá: era parte del chat. Me sentí como estos jovenes que descubren sus poderes en la nueva moda de la literatura juvenil de quinta -tipo, Crepúsculo-; sólo que esto era la realidad y mis poderes no eran sobrenaturales, sino cibernéticos. Dejé mi nombre y mi ser, y pasé a ser Martín, muté en un estudiante de derecho que vivía en la comuna de Providencia y con rasgos alejados a los míos -casi un metro sexual, que patético me siento al develar esto-; charlé hasta que mi dinero se acabó, me fui y al otro día volví y al otro día volví denuevo y luego al otro y así hasta secar mi hacienda de escolar.
Desde ahí hasta hoy me convertí en un usuario intermitente de los chat -entro muchísimo menos de lo que todos ya deben creer- y gracias a mis años de experiencia me he dado cuenta de que hay dos conjuntos chatísticos muy peculiares -aceptando de que hay mochos más, tal vez-, muy diferentes entre sí, pero unidos por una meta, encontrar el amor -sea amor duradero o amor urgente -como en el caso de los que quieren un revolcón a la pasada-; claro, la mayoría lo niega -diciendo que busca "amistad"-; a partir de estas dos definiciones puedo decir que existen dos Conjuntos hermanos entre esta fuana del mundo cibernético: los explícitos y los implícitos. El primer conjunto(explícitos) es mucho menos complejo que el segundo y en el encontramos a dos estereotipos muy conocidos: a los(las) que buscan algo estáble -que son estas típicas personas que tienen delirio de bebé y que se autodenominan tierno(a)-, también encontramos al hombre y mujer perfección, que en el caso de los ellos, son todos unos caballeros y en el caso de ellas, casi unas madres Teresas, ambos con un amor listo para entregar a su nuevo acompañante -es como si el amor se tranformara en un objeto líquido y las personas sólo fueran los frascos en donde deben guardar esta pócima de la felicidad ¡Vaya carajo!-. Los aventureros del sexo también están en este conjunto, aunque sólo busquen el amor urgente, de todas formas buscan de manera explícita y sin pudores de entregar amor -aunque sea de forma instintiva como un animal-, porque seguramente no pueden buscar algo "serio" por su estilo de vida. En sí los moradores de este conjunto(explícitos) deben tener poca inteligencia emocional -si acaso realmente existe la inteligencia emocional, pero en caso de que no, sólo son inestábles emocionalmente-.
Por el otro lado de la moneda encontramos a los que buscan el amor de forma implícita -un género bastante más evolucionado, pero no con menos particuliaridades y eleméntos cómicos que los anteriores-. Este conjunto busca ,a veces, de forma tan implícita, que ni ellos saben que su meta es el amor -me considero en este grupo definitivamente, a veces no sé porqué diantres entro a los chats-, como grandes exponetes de este conjunto están las personillas que andan "conociendo en buena", JA ¿Qué es eso? Y acá están, reitero, los que decía recién, los prófugos del amor y del romanticismo barato y caro, ellos no saben que quieren y no saben que pueden llegar a querer, generalmente se esconden bajo el alero del subconjunto (de este conjunto) de los "buscando amistad" o cosas por el estilo. Los buscadores de amistad son las personas que sí saben que quieren el amor, pero lo reniegan majaderamente y hasta se logran convencer de que tienen la razón -a veces-, pero realmente sienten dentro de sí que buscan algo, aunque sea tapado de eufemismos, este subconjunto de "buscando amistad", ya ha pasado por los demás subconjuntos ya nombrados -y es por eso que ahora me acabo de dar cuenta que esto funciona por etapas, por lo cual no debemos renegar de ningún conjunto, aunque claro, reirse nunca es malo-.
Claro está que más de alguno de los que ha leido -teniendo el placer de leerme o no-, se ha sentido un tanto identificado con alguno de estos subconjuntos que entre sí forman parte de un casi todo -no caeré en la vanidad de poner "un todo", puesto que en pocas palabras más haré un comentario bastaaaaante vanidoso-, y bien, para terminar creo que la última etapa de todo esto, es llegar a un estado neutral en donde en cierta parte eres parte de todos estos conjuntos a la vez y ahí puedes identificar rápidamente en que orbita la persona a la cual tienes del otro lado de la pantalla del Pc y además reirte y burlescamente de los grupos mucho menos avanzados, como lo hago yo ahora -no es por vanidad, sino por una cosa de "experiencia", pues llevo seis años en las ciber charlas, lo cual no deja de ser-. Una cosa sí es cierta, queramos o no gritarlo a los vientos, todos buscamos el efímero sentimiento llamado amor.
He quedado con gusto a poco, me di cuenta de que ahora quiero escribir sobre los estereotipos de la Fauna cibernética -ya lo haré, tal vez no en mi post(o como sea el verbo de blogear) siguiente, ni en el próximo a ese-.
Por cierto, me disculpo por alguna falta ortográfica o gramatical garrafal que pueda haber por ahí.
Nada es casual
miércoles, 15 de septiembre de 2010
lunes, 13 de septiembre de 2010
¿Bicentenario?
Salí el primer día de Septiembre para cumplir con mis deberes de joven; y al pasar por el Palacio de la Moneda, vi extrañamente la bandera nacional cuerpo abajo desde el balcón de los discursos legendarios. Inmediatamente me sentí invadido por la patria, por ese nacionalismo tan típico y negado por todos nosotros los chilenos -nacionalismo que es fruto de nuestro aislamiento en la región, tanto por razones geológicas, como políticas-, seguí mirando a la bandera nacional con el escudo en su corazón y recordé en el acto...
¡Hoy comienza nuestro Bicentenario! Mecánicameente me surgió la siguiente pregunta ¿A qué le llamamos Bicentenario? Y bueno, la respuesta más apresurada vino a mí, "Patricio, Chile dejó de ser colonía de española el 18 de Septiembre de 1810", ajá -dije en semi voz alta-; pero mi suspicacia me llevó más allá e intenté recordar unas breves palabras del acta de la Primera Junta, no recordé nada literal, sólo recordé un concepto más o menos más o menos así: "Salvaguardar al Reino Español" y bueno, en el acto me acordé de que la primera junta se creo para proteger esta perdida colonia -de ser invadida por Napoleón y sus tropas-, pero en ningún lado dice que la junta llevará a la independencia al Reino de Chile del yugo español.
¡Vaya error! ¡Qué confusión! Alguien no supo interpretar muy bien el acta y pensó que se hablaba de una Emancipación a la Corona española, guau, hemos vivido casi docientos años en el yerro de esa mala interpretación maratónica -pensé-. Volví a mirar la bandera Nacional, dejé mi mente en blanco y seguí caminando, luego de unos metros, volví a mirarla, le sonrei y le dije:
"Hablamos el 2018".
¡Hoy comienza nuestro Bicentenario! Mecánicameente me surgió la siguiente pregunta ¿A qué le llamamos Bicentenario? Y bueno, la respuesta más apresurada vino a mí, "Patricio, Chile dejó de ser colonía de española el 18 de Septiembre de 1810", ajá -dije en semi voz alta-; pero mi suspicacia me llevó más allá e intenté recordar unas breves palabras del acta de la Primera Junta, no recordé nada literal, sólo recordé un concepto más o menos más o menos así: "Salvaguardar al Reino Español" y bueno, en el acto me acordé de que la primera junta se creo para proteger esta perdida colonia -de ser invadida por Napoleón y sus tropas-, pero en ningún lado dice que la junta llevará a la independencia al Reino de Chile del yugo español.
¡Vaya error! ¡Qué confusión! Alguien no supo interpretar muy bien el acta y pensó que se hablaba de una Emancipación a la Corona española, guau, hemos vivido casi docientos años en el yerro de esa mala interpretación maratónica -pensé-. Volví a mirar la bandera Nacional, dejé mi mente en blanco y seguí caminando, luego de unos metros, volví a mirarla, le sonrei y le dije:
"Hablamos el 2018".
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